Puerto Montt, alrededor de 1941
Seno de Reloncaví con Puerto
Montt y la Isla de Tenglo
En las ruinas romanas de
Volipoulis, Marruecos, 1984. Foto
de Paul Humdrom.
Un tanque haciendo de las suyas
durante un levantamiento militar
en Buenos Aires. 1962.
La Contax IIa que me acompañó
hasta 1967, cuando compré mi
primera Nikon.
Reacciones a la muerte de
Kennedy en Santiago. 1963.
Admirando una verdadera obra de
arte. Foto de Juan Carlos
Valdovinos. Nueva York, década
de los 1980.
Con mis compañeros del Saint
George's College. Santiago, 1954.
Comienzo y final de mi carrera de
boxeador.
Esta Nikon-F3HP me sirvió por
más de 20 años sin fallar ni una
sola vez.
La casa de mis abuelos maternos
en Puerto Varas, Chile. Foto de
Gonzalo Gaju. 2003.
Mi laboratorio en la calle
Villavicencio en Santiago. 1962
En 1958 (después de un fallido intento de estudiar ingienería en la Universidad
Católica de Chile), inicié mi carrera de fotógrafo independiente (free-lance) en
Santiago, fotografiando matrimonios, cumpleaños, familias, publicidad, relaciones
públicas, grupos de teatro, etc. Mis primeros trabajos periodísticos, en 1960, fueron
para "La Voz", semanario del Arzobispado de Santiago, que se destacó por su
periodismo veraz e incisivo. Poco después se agregó el "South Pacific Mail", de
Santiago, donde también empecé a escribir. A poco andar comencé a vender mi
trabajo en los principales órganos periodísticos de la época: Ercilla, Vea, Siete Días,
El Diario Ilustrado, Zig- Zag, Paula, etc. Y pronto se sumaron publicaciones
extranjeras, como The Houston Post, Time, Life, Super Mundo Deportivo, Clarín de
Buenos Aires y otros.
En 1962, mientras cubría la Conferencia de Cancilleres de la OEA en Punta del
Este, Uruguay, conocí a Mario Planet, uno de los grandes del periodismo chileno y
mi "mentor", y al inefable Teddy Córdova, otro de los “grandes”. Ambos fueron
piezas claves en mi tránsito hacia el periodismo y la fotografía internacionales. La
conferencia resultó un verdadero curso universitario de cómo funciona la Política
Internacional (o los "enjuagues internacionales", si se quiere). Además de ser mi
primera aventura en el extranjero, también me ayudó a establecerme firmemente
como fotógrafo, ya que llevé un laboratorio portátil que instalé en el baño de mi
pieza del hotel, hecho que no fue muy del agrado de mi compañero de habitación.
Todas las noches revelaba las fotos tomadas durante el día, y a la mañana
siguiente las vendía a los periodistas que cubrían la conferencia. Para mi sorpresa y
felicidad, vendí todo lo que imprimí.
En julio de ese mismo año cubrí el Mundial de Fútbol de 1962, que se llevó a
cabo en Chile, tanto para "La Voz" como para "Super Mundo Deportivo", de Buenos
Aires, Argentina. Luego, en septiembre, cubrí un alzamiento militar en Buenos Aires.
Una facción del ejército se levantó en contra del gobierno “constitucional” de José
María Guido (que había sucedido a Arturo Frondizi, derrocado por Juan Carlos
Onganía, el “protector” de Guido). Esa fue mi primera experiencia como “corres-
ponsal de guerra” y definió para siempre mi actitud frente a los militares.
A mi vuelta a Santiago vendí todo el material obtenido en Buenos Aires a la
prensa chilena. Poco después empecé a hacer clases de periodismo en inglés y de
fotografía periodística en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y me
inicié como fotógrafo en el departamento de prensa del Canal 9 de TV de la
Universidad de Chile (dirigido por Douglas Hübner), donde usamos fotos fijas para
cubrir algunas de las noticias. En el Canal 9 también estuve encargado de las
noticias internacionales, gracias principalmente a mi conocimiento del inglés.
Mi relación con Mario Planet incluyó también tomar fotografías para la empresa
TIME, de la cual Mario era corresponsal (stringer). Cada vez que llegaba a Chile
algún periodista o representante de TIME, Mario aprovechaba mi inglés y me ponía
de guía del visitante. Eso llevó a que finalmente, en 1967, fuera invitado a Nueva
York por Life en Español para recibir entrenamiento como corresponsal. La Gran
Manzana me cautivó totalmente y cuando, después de cinco meses, volví a
Santiago lo hice con la convicción, casi inconsciente, de que iba a tener que volver
definitivamente, cosa que sucedió en octubre de 1968, cuando volví a cubrir la
elección de Nixon para el Canal 9 y la Agencia de Prensa Eventus de Santiago, que
había fundado con unos amigos fotógrafos y periodistas.
Ya establecido en Nueva York, por mi cuenta, pues Life en Español se cerraba
y mi ralación con ellos estaba basada en mi presencia y permanencia en Santiago,
cosa que ya no me interesaba, busqué activamente ubicarme como fotógrafo
independiente. Por un tiempo me representó la agencia Liaison (posteriormente
Gama-Liaison) y luego Echave & Associates. A través de estas agencias mis
trabajos se publicaron en Newsweek, Oui, Manchete, Spiegel y otras publicaciones.
Igualmente realicé trabajos más comerciales, los que me llevaron a Marruecos (dos
veces), Puerto Rico y México entre otros países. También hice trabajos para
organizaciones de derechos humanos, los que me llevaron a América Central
(Nicaragua, Honduras y El Salvador). Y no faltaron los proyectos personales, para
los que viajé a Europa, el Caribe y, nuevamente, a América Central.
En Nueva York, la ciudad misma, mi familia, mis amistades y conocidos fueron,
y son, una constante fuente de inspiración y una especie de tema permanente. Me
fascina la relación entre las personas y la interacción de los seres humanos con su
propio medioambiente. El paso de los años ha producido una enorme acumulación
de imágenes, hecho que por si sólo las ha hecho adquirir un valor histórico. Des-
pués de todo, mis primeros intentos fotográficos serios datan de comienzos de la
década de los 50, hace ya más de medio siglo, cifra que simplemente suena
increíble.
Ese mismo pasar de los años, más otros factores, dañó mi sistema
cardiovascular y el 4 de julio, de 1999 fui a parar a la sala de emergencia del Saint
Luke's Hospital con dolores al pecho y antes de que me diera cuenta cabal de lo
que me pasaba, ya me habían hecho un triple desvío. Nada mejor que "un
encuentro cercano de la tercera clase" con nuestra mortalidad para hacernos
cavilar sobre nuestra mortalidad y preguntarnos lo que son, quizás, las preguntas
más básicas.
Estas experiencias que, demás está decirlo, son nuevas para mi, le han dado
una nueva vida a esas casi ciento treinta mil imágenes que representan la obra de
toda mi vida y, más que nada, lo más cercano a la felicidad que me ha tocado vivir.
Ahora, mi más ferviente deseo es tener el tiempo para explorarlas y
compartirlas.
El resto, mis amigos, es otra historia...